
A cada paso que doy, me duele el alma de una manera que no sabría explicar. Me atraviesa el pecho un dolor negro. No me deja respirar. Y no lo soporto. Pero que le voy a hacer.
Cuando el médico me dijo que había posibilidades de que volviera a entrar en quirófano, fue como si me mataran otra vez.
"No es para tanto" me digo a veces. Puede que me queje de vicio, hay miles de personas pasándolo peor que yo... pero como cada uno mide las desgracias desde lo que ha vivido, yo veo las mias. Lo juro, juro que jamás pensé que sólo vería las mías. Lo único que me pasa es que estoy cansada y cuanto más me intento animar, más me hundo en mi barro particular, (que no en mi patio particular, esa es otra historia).
Sobra decir, que cuando salí de la consulta del médico, en pleno hospital, y sola, como siempre, (es lo que tiene una familia monoparental, que aprendes a todo sin ayuda de nadie) sintiéndo como mi corazón sangraba, me derrumbé y se me escaparon las lágrimas, que se hicieron negras al tocar las pestañas, (joder, para un día que me da por maquillarme un poco se me corre) y me sentí la persona más abandonada del mundo.
"¡Qué tontería!" pensé.
¿Por qué cuento todo esto? No os interesará, pero me apetecía soltar algo de presión de mi pecho... solo eso.
Mientras, veré si aprendo a domar a mis lágrimas.
http://www.youtube.com/watch?v=L1hM04BPYkwLa canción más bonita del mundo....