
- ¿Me esperarás?
Él se encogió de hombros.
- No tengo otra oferta mejor - Me guiñó un ojo y se dio la vuelta.
Le vi marchar. Pero quizá le vea volver...
Demonios...
Estaba tumbada en el sofá cuando picaron a la puerta. Me levanté a abrir con desasosiego. Mis demonios personales venían a hacerme una visita. Quise decir que no estaba, que volvieran mañana, pero ya era demasiado tarde.
Venían a reclamarme los besos de ayer, llegaron para reprocharme la sonrisa que estaba en mi cara cuando estábamos juntos. Solo querían recordarme que esto no durará más de venticuatro horas seguidas. Únicamente aparecieron para decirme que esa ilusión que anoche sentía era solo una mentira disfrazada de cosas bonitas. Malditos demonios.
Les eche de mi salón, sin dejar que se terminaran el café por impertinentes. Aún vivo dentro de esos instantes. Y ya me verán en el limbo dentro de 454 minutos exactamente, pero de momento, no hace falta que vengan a mi casa a amargarme la tarde del domingo...