Al principio, cuando te conocí arrugué la nariz. No me gustaste del todo. Eras distinto a los demás. No hablabas demasiado, no te acercabas a ninguna chica en especial y si quitamos los ojos azules por lo demás no eras gran cosa. Otro chico del montón.
Pero fue dos años después cuando decidí que eras el chico con el que iba a casarme, costase lo que costase. Aunque tú todavía no lo sepas, acabarás dándome el "si quiero", porque me miras con dulzura, y porque cada fibra de mi ser sonríe cuando me abrazas.
Esperarás a que llegue de blanco, y no será el final del cuento, si no el principio de mucho más...